Perdoné errores casi imperdonables, intenté sustituir personas insustituibles y olvidar personas inolvidables. Me decepcioné de personas que pensé nunca me iba a decepcionar Lloré oyendo música y viendo fotos. Llame solo para escuchar una voz. Pensé que moriría de tanta tristeza. Pero sobreviví y todavía sigo vivo, aprendí que a veces el que arriesga no pierde nada, y que perdiendo también se gana. |
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